Recién acabo de publicar un documento que seguramente será del interés de muchos. En más de dos décadas como consultor de seguridad, he presenciado una paradoja recurrente: empresas que invierten sumas considerables en equipos de cortafuegos de marcas reconocidas sólo para sufrir incidentes de ransomware o fuga de datos a las pocas semanas de su implementación. La causa dista de ser un fallo del sustento físico (hardware) o del equipamiento lógico (software). El problema reside ―casi invariablemente― en una configuración de seguridad laxa y reactiva, casi idéntica a la de un encaminador doméstico. Recomiendo ampliamente leerlo y analizarlo: «Más allá del cortafuegos básico: Estrategia de lista blanca para anular ransomware y botnets»

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